sábado 6 de diciembre de 2008

El espíritu de cooperación

Radha Burnier, Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica

        La llegada de una nueva era o civilización no va a depender de las fechas del calendario, sino de que los seres humanos cambien su conducta y aprendan, entre otras cosas, a cooperar. La época actual es una época de confrontaciones y conflictos; a nivel global, entre las naciones, y a un nivel más pequeño, entre los individuos. En la nueva civilización, las relaciones serán diferentes y estarán basadas en la cooperación, de la cual han hablado tantas veces algunos destacados miembros de la Sociedad Teosófica.

        Los conflictos existentes entre los seres humanos son peores que los del reino animal. Se ha publicado un nuevo libro sobre las matanzas, basado en un estudio detallado de la actitud de las personas que combaten, especialmente entre los soldados y los policías. El libro describe cómo los soldados pueden llegar incluso a encontrar el acto sangriento de clavar la bayoneta como algo "especialmente satisfactorio". Un combatiente recordaba los cuerpos de los enemigos explotando y gritando, y lo consideraba como "uno de los momentos más felices" de su vida. Esta brutalidad y placer obtenidos gracias al dolor de los demás se practica en todas las naciones y se convierte en algo heroico, no vergonzoso. Complacerse con estos hechos es un rasgo peculiarmente humano; el animal simplemente lucha y luego se olvida de ello.

En una serie de conferencias sencillas y hermosas ofrecidas por C. Jinarajadasa, anterior presidente de la Sociedad Teosófica (publicadas bajo el nombre de Yo Prometo) el conferencista afirma que todo joven tiene que aprender a hacer cosas junto con los demás. La educación de los jóvenes ha de enseñarles la cooperación, y no insistir en la competitividad y la confrontación. Annie Besant fomentaba los juegos en equipo dentro de las escuelas que fundó. Ganar o perder de una manera adecuada era lo importante. Los estudiantes aprendían a alegrarse si el equipo contrario ganaba y no sólo a enorgullecerse con su propia victoria.

       Hay distintas situaciones en las que las personas aprenden a cooperar de una manera limitada, como en los grandes proyectos, por ejemplo, los viajes al espacio exterior. Ciertos negocios alcanzan éxito solamente por medio de la colaboración. La gente que llamamos religiosa practica la fraternidad dentro de la fe, pero no tiene escrúpulo alguno para matar a quienes están fuera de ella. Esto no es fraternidad, ni cooperación, sino una forma de egocentrismo. En una civilización nueva, el espíritu de cooperación será universal y se expresará en todas las relaciones, mientras que las actitudes relacionadas con el "yo" y lo "mío" quedarán subordinadas.

Como demuestran los estudios ecológicos, incluso las criaturas más insignificantes contribuyen al progreso, pero nuestra ceguera no nos deja ser conscientes de este hecho. En cada reino de la Naturaleza y en cada forma de vida se desarrollan ciertas cualidades que pueden florecer después en el ser humano, pero solamente porque ya habían echado sus raíces en una etapa anterior. Si no hallamos nada de valor en un individuo en particular, es porque nuestra percepción no es clara. Cuando la intuición está al menos un poco despierta, nuestro planteamiento respecto de los demás es una actitud de profundo respeto. La nueva humanidad se caracterizará por una capacidad de conocimiento intuitivo y por la cooperación.

Nuestra cooperación no tiene que ser solamente con otros individuos, sino con la Naturaleza como un todo. Muchos de los procesos de la Naturaleza son realmente inescrutables para nuestra mente y nunca penetraremos en sus misterios si no nos acercamos a ella con respeto. En algunas culturas antiguas personificaban a la Naturaleza y la consideraban como una diosa digna de adoración. No se trataba de supersticiones, sino de un reconocimiento de su grandeza. Fomentando el espíritu de cooperación con la Naturaleza en todas sus actividades, aprendemos a hacernos uno con el Gran Plan.

Redacción:       Eulalia M. Díaz

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