¿Qué Enferma al Mundo?
Radha Burnier
Hay grandes maestros religiosos descritos como “sanadores del mundo”. ¿Qué enfermedad mundial curan? Mirando superficialmente, la mayoría de la gente se inclina a decir que es la pobreza, el hambre, la miseria y la guerra, la indiferencia de valores, el egoísmo, etc. Buscando más profundo en la cuestión, podríamos decir que el mundo, ese vasto arroyo de la humanidad que fluye de generación en generación, sufre del estupor de la conformidad y la falta de verdadera inteligencia (prajña). La humanidad no carece de capacidad cerebral o brillantez intelectual, evidencia de lo cual se observa en las innumerables invenciones, teorías ingeniosas y descubrimientos espectaculares. Sino que parece carecer de la inteligencia necesaria para no cometer una y otra vez los mismos errores gravemente dañinos. La generalidad de los hombres y mujeres jamás cuestionan las actitudes e ideas que finalmente han terminado en violencia y otras formas de sufrimiento; sino que las aceptan como parte inevitable de la vida humana.
Los conflictos de distinta dimensión han conducido a indescriptible dolor durante miles de años en cada civilización y región del mundo. Han separado familias, causado hambruna y creado una red mundial de odio y miseria. Aunque todo el mundo sabe cuán tremendo es el impacto de la guerra y el conflicto, jamás se detienen porque la gente continúa amparando actitudes divisorias y metas egoístas. Este es un ejemplo exacto de cómo la humanidad repite automáticamente, una y otra vez, acciones injuriosas para ella misma así como para otros seres vivos.
Todas las acciones surgen de estados mentales. La ceguera, la conducta repetitiva que causa el sufrimiento es el resultado de una clase de psicología obtusa; la mundanalidad es una combinación de letargo espiritual (avidya) y la actividad externa casi imparable en un modelo establecido de odio, violencia, engaño y egoísmo. Extrañamente, la falta de inteligencia permanece inadvertida por el mundo y aparece como “progreso”, porque la actividad intensa motivada por el temor y la ambición produce la ilusión de un movimiento hacia delante.
La palabra samsara significa girar y girar alrededor, atrapado en un movimiento involuntario. Krishnamurti utilizaba la ilustración de la “corriente” mundana a lo largo de la cual la gente se abalanzaba le guste o no le guste. Ambas imágenes se refieren a las compulsiones psicológicas que motivan generación tras generación y evitan que el mundo cambie su curso. En Las Cartas de los Mahatmas se describe de la siguiente manera:
“Respecto de la naturaleza humana en general, es la misma ahora de lo que fue hace un millón de años: Prejuicio basado en egoísmo; una indolencia general para acabar con el orden establecido de las cosas, para nuevas formas de vida y pensamiento...; orgullo y resistencia testaruda a la Verdad, cuando ella molesta la noción previa de las cosas.”
El Camino a la Libertad
Uno de los propósitos de la verdadera enseñanza religiosa es despertar a la gente del profundo acondicionamiento, el pensamiento mecánico y la imitación de lo que hacen los demás. Hay una fuerte tendencia a vivir egoístamente porque todos son egoístas; a ser agresivo porque defenderse a uno mismo y sobrepasar a otro es astuto; aferrarse y pelear por posesiones porque las actitudes del mundo y la propaganda lo fomentan; y hacer todas las cosas que incorpora el individuo en la estructura del vivir convencional. Desafortunadamente, las religiones establecidas, lejos de promover el espíritu religioso de la investigación inteligente, desaniman a la gente para que no piense en forma independiente. El clero, que asume el papel de intermediario entre dios y la gente, evita el desarrollo de un pleno sentido de responsabilidad en el individuo. La autoridad de las escrituras y palabras que se deben aceptar sin cuestionar o verificar mata al intelecto.
Los verdaderos maestros, por otro lado, se interesan del “despertar de la inteligencia”. Este es el desarrollo de la facultad del discernimiento (viveka), comenzando con darse cuenta de aquello que ha hecho a la humanidad admitir la violencia, el odio, la agresión y todo lo demás durante milenios, y así percibir las manifestaciones de tal acondicionamiento en uno mismo. Atención, reflexión y percepción abren la mente a la posibilidad de la libertad de la compulsión y la conformidad. La creencia, obediencia ciega, la falta de ganas para poner atención a los factores psicológicos dentro del individuo y la sociedad, y la tendencia a hacer aquello inmediatamente conveniente, son serios obstáculos para el despertar. Por eso el Buda dijo: “No aceptes lo que digo, sino que encuentra lo que es Verdad”. Debemos ver por nosotros mismos que los senderos del mundo son dolorosos en extremo y que debe haber un cambio; sólo entonces encontraremos la energía para escuchar sin caer en la creencia, para preguntar sin preconceptos y para descubrir directamente la verdad.
Muy pocos gustan escuchar un mensaje que los conmueve en su estupor; ellos prefieren estancarse internamente y depender de otros para su salvación. Flotar a lo largo de la corriente mundana es mucho más fácil que hacer el poderoso esfuerzo necesario para emerger hasta la costa. Como señalan los textos clásicos, el océano del samsara está lleno de tiburones y otras bestias peligrosas, pero la gente quiere permanecer en él, quizás porque vagamente sientan que el mal conocido es mejor que lo desconocido.
Sólo mediante una atención sostenida y paciente, el pensamiento profundo y la contemplación de los problemas raíz de la vida, la purificación y el refinamiento de la facultad de percepción se desarrolla la clara visión. No hay otra alternativa para los individuos que asumen el curso del propio entrenamiento, que puede ser largo o corto, depende de la seriedad con que se aboquen al mismo.
El mundo no puede cambiar por si mismo. Los individuos componen al mundo y solo los individuos que cambien podrán transformar al mundo.
El Trabajo de la ST
El trabajo básico de la Sociedad Teosófica es la regeneración espiritual del mundo mediante la regeneración de los individuos. Esto ocurre con el despertar del cual hemos hablado, porque actuamos según lo que vemos, según aquello que nos parece real e importante.
El estudio teosófico no significa un pasatiempo interesante, o una simple estimulación del intelecto. Debe evocar la percepción de las necesidades esenciales de la humanidad y ayudar a hacerla moral, psicológica y espiritualmente sana.
Ciertos grupos o Logias de la Sociedad reclaman la prerrogativa de estar activas en cualquier línea que los atraiga, sin darse cuenta el por qué de la organización en su totalidad. Hay muchos sujetos que se interesan en el estudio, pero si esos estudios no conducen a la liberación del pesado acondicionamiento de raza, tradición, ambiente, etc., no son teosóficos. Para ser teosóficos, nuestros programas deben relacionarse, directa o sutilmente, a la necesidad humana de despertar.
The Theosophist, Abril de 1999






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