viernes 14 de noviembre de 2008

El significado oculto de la sangre

Por Rudolf Steiner

ImageLa sangre es un fluido muy especial

Todos sabréis, indudablemente, que el epígrafe de esta obrita está tomado del Fausto, de Goethe. En dicho poema se dice que Fausto, el representante del más elevado esfuerzo humano, entra en un pacto con los poderes malignos, representados, en dicha obra, por Mefistófeles, el emisario del Infierno. Fausto está a punto de firmar un contrato con Mefistófeles, quien le pide lo firme con su propia sangre. Fausto, al principio, lo mira con curiosidad; pero sin embargo, Melistófeles emitió la siguiente sentencia que Goethe deseaba se considerara con toda seriedad: “La sangre es un fluido muy especial”.

Ahora bien, con referencia a este pasaje del Fausto de Goethe, nos encontramos con un rasgo curioso en los llamados comentadores de Goethe. Por supuesto, la literatura referente a la versión que de la Leyenda del Fausto hace Goethe es enorme. Es una literatura de tan estupendas dimensiones que se necesitarían bibliotecas enteras para almacenar tanto libro, y naturalmente, no nos es posible detenernos en los varios comentarios hechos por esos intérpretes de Goethe sobre ese pasaje particular.

Ninguna de las interpretaciones sugeridas arroja mayor luz, sobre la citada sentencia, que la explicación dada por uno de sus últimos comentadores, el profesor Minor. Él, como los demás, habla de la misma como si se tratara de una observación irónica de Mefistófeles, y refiriéndose al asunto hace la siguiente indicación, realmente curiosa, a la que es necesario prestar la mayor atención, porque es de sorprenderse el oír las extrañas conclusiones a que son capaces de arribar los comentadores de Goethe.

El profesor Minor hace notar que “el Mal es un enemigo de la “sangre” y añade que, como la sangre es la que sostiene y preserva la vida, el Mal, que es el enemigo de la raza humana, debe ser, por consiguiente,” el enemigo de la sangre”. Entonces –con toda exactitud- llama la atención sobre el hecho de que aun en las más antiguas versiones de la leyenda del Fausto -como sucede con toda las leyenda en general- la sangre siempre juega el mismo papel.

ImageEn una antigua obra sobre la materia se relata circunstancialmente que Fausto se hizo una pequeña incisión en la mano izquierda con un cortaplumas, y que al tomar la pluma para firmar el contrato la sangre que brotaba de la herida formó las siguientes palabras: “¡Oh, hombre!, escápate”. Todo esto es bastante auténtico; pero ahora viene la observación de que el Mal es un enemigo de la sangre y de que, por esta razón, Mefistófeles exigió que la firma se escribiera con sangre. Sería de preguntar cómo es que alguien desea una cosa por la que tiene tanta antipatía. La única explicación razonable que puede darse, no solamente sobre el significado de este pasaje de Goethe, sino también con referencia a todas las demás leyendas que tratan del asunto, es que, para el diablo, la sangre era algo muy especial y que no era, en manera alguna, cuestión de indiferencia para él que el contrato se firmara con tinta ordinaria o con sangre.

Puede suponerse que el representante de los poderes del Mal cree o, mejor dicho, está convencido- de que tendrá a Fausto más sujeto a su poder si puede obtener, aunque no sea mas que una gota de su sangre. Esto es evidente, y nadie puede dar otra explicación al asunto. Fausto debe escribir su nombre con su propia sangre, no porque el diablo sea enemigo de ella, sino, más bien porque desea obtener poder sobre la misma.

Ahora bien, en ese pasaje se oculta una observación digna de tenerse en cuenta: que el que obtiene poder sobre la sangre de un hombre obtiene poder sobre el hombre mismo y que la sangre es un “fluido muy especial”, porque es por ella que debe ganarse la batalla, por así decirlo, la lucha que se realiza en el hombre entre el bien y el mal.

Todas esas cosas que nos han legado las leyendas y los mitos de las diversas naciones, y que se refieren a la humana vida, sufrirán un día una transformación peculiar, referente a la plena concepción e interpretación de la humana naturaleza.

ImageHa pasado ya el tiempo en el que las leyendas, fábulas y mitos se miraban como expresiones de la infancia de los pueblos. Ciertamente hemos ya pasado la época de semi-ignorancia, cuando se decía irónicamente que las leyendas eran la expresión poética del alma nacional.

Cualquiera que haya observado alguna vez el alma de un pueblo habrá visto que no se trata de ficciones imaginarias o cosa análoga, sino de algo mucho más profundo, y que es un hecho que las leyendas y tradiciones de los diversos pueblos son expresiones de poderes maravillosos y de extraordinarios acontecimientos.

Si, desde el nuevo punto de vista de la investigación espiritual, meditamos sobre las antiguas leyendas y mitos, dejando que esas hermosas y potentes imágenes que nos han transmitido los tiempos prístinos obren sobre nuestras mentes, encontraremos, si nos hemos capacitado para nuestra obra con los métodos de la ciencia oculta, que esas leyendas y mitos son expresiones de la más antigua y profunda sabiduría.

Es muy cierto que al principio nos sentiremos inclinados a preguntar cómo es que, en un estado primitivo de desenvolvimiento y con ideas aún infantiles, pudo el hombre representarse los enigmas del universo por medio de esas leyendas o cuentos de hadas, y cómo es que, cuando meditamos sobre ellos, vemos en esos relatos lo que las investigaciones ocultas actuales nos están revelando con mayor claridad.

Artículo completo aqui: Revista Biosofia

 

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