Lo Esotérico y lo Exotérico
Hay en todo símbolo dos aspectos opuestos y complementarios que también corresponden a dos enfoques de la realidad: lo esotérico y lo exotérico.
Lo esotérico es lo interno e invisible; la energía que se oculta en su interior; la idea abstracta que el propio símbolo sintetiza y concreta. Se lo ha relacionado también con las fuerzas secretas, misteriosas y milagrosas que los símbolos sagrados contienen, y para poder percibirlo es necesario penetrar y traspasar su apariencia imaginaria y conectar con su esencia invisible. Lo exotérico, en cambio es su parte exterior, el ropaje formal que toma para manifestarse sensiblemente, su cara brillante y luminosa, variable y notoria. Lo primero es cualitativo y sintético; lo segundo cuantitativo y múltiple. Pero ambos aspecto son como las dos caras, oscura y luminosa, de una misma moneda, y, como ocurre con cualquier par de opuestos, es preciso unirlos para que alcancemos su real comprensión.
En el símbolo sagrado el aspecto exotérico no es arbitrario ni casual, sino que por el contrario se dice que tiene que haber una correspondencia entre el símbolo formal y la energía por él simbolizada; pero es importante hace notar que lo esotérico es anterior y jerárquicamente superior, pues es lo que da sentido a lo externo y visible, y lo exotérico siempre le está subordinado.
Un buen ejemplo de la distinción entre lo esotérico y lo exotérico es la relación existente entre el pensamiento y la palabra. Un solo concepto puede expresarse de mucha maneras y en cualquier idioma, sin que por ello varíe esencialmente su contenido. El pensamiento es pues anterior e invisible, y la palabra su expresión formal, múltiple y sensible.
Lo exotérico varía en el tiempo y en el espacio, y de ahí las diferencias formales que observamos entre las distintas civilizaciones y en las diversas épocas en que éstas se manifiestan. Una misma energía puede tomar muchísimos ropajes en los variados órdenes de la existencia, sin que su contenido se altere en modo alguno, pues lo esotérico permanece invariable, en una región más profunda que se halla más allá de los sentidos.
Si observamos los símbolos exclusivamente desde el punto de vista exotérico, encontraremos variadísimas formas de expresión, podremos ver su multiplicidad, pues un mismo arquetipo puede expresarse de innumerables maneras y a muy diversos grados. Si los estudiáramos desde una perspectiva materialista, positivista y profana, negando su aspecto espiritual y sagrado, que es lo que hace, en general, el pensamiento moderno, podríamos clasificarlos en enciclopedias o exponerlos en museos, pero nunca alcanzaríamos su real conocimiento y comprensión. Pero, si los abordamos desde el punto de vista esotérico, más bien podremos darnos cuenta de la identidad de todas las verdaderas culturas y observar como símbolos y estructuras simbólicas en apariencia diferentes, pueden ser idénticos en su contenido. Lo esotérico nos permite realizar una síntesis que podremos alcanzar mediante las adecuadas relaciones que establezcamos entre los distintos órdenes de la existencia y entre los variados sistemas simbólicos.
Esta síntesis nos permitirá una verdadera comprensión y conocimiento de las energías inmanifestadas que detrás de los símbolos se ocultan.






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